Desde el momento en que llegué, quedé asombrado por la majestuosidad de los monos y la selva amazónica. Ver a los monos por primera vez—y luego poder trabajar con ellos de cerca durante los siguientes diez días—fue realmente más mágico de lo que jamás hubiera imaginado.
En general, mi parte favorita de la experiencia fue poder observar a los monos todos los días—simplemente verlos ser monos fue un verdadero privilegio.
Otros momentos destacados de mi experiencia incluyeron ayudar a cuidar a los dulces, inteligentes y traviesos monos bebés—quienes definitivamente me robaron el corazón—compartir conversaciones durante las comidas y aprender del increíble equipo de trabajadores y voluntarios, y sentarme bajo las estrellas por la noche, con las luciérnagas danzando en los árboles y Pancha, una mona choro gris, acurrucada en mi regazo.
Poder ayudar a cuidar a estas fascinantes criaturas y educar a los visitantes sobre el proyecto durante mi tiempo en la isla fue una experiencia profunda y enriquecedora. Aprendí muchísimo sobre la importancia de la conservación y el impacto que podemos tener cuando nos unimos para proteger la vida silvestre de nuestro planeta.
¡Muchísimas gracias a todos mis increíbles nuevos amigos, tanto humanos como monos, en La Isla de los Monos por recibirme con los brazos abiertos y permitirme ser parte del proyecto! Espero seguir apoyando el increíble trabajo que se realiza aquí durante muchos años más.




